Pocaterra, retrato fiel de una realidad cotidiana.
La narrativa venezolana siempre ha estado firmemente vinculada con la realidad. Juan Liscano, reconocido escritor y ensayista, afirma que la literatura venezolana, desde el plano de la ficción, se caracteriza principalmente con lo terrestre, lo anecdótico, con el hecho social y el testimonio, hecho constatable en casi todas las obras de cualquier movimiento o corriente que se haya gestado en nuestro país. Sin embargo, dicho realismo tuvo su momento particular, y el autor más representativo de ese momento fue José Rafael Pocaterra.
Este autor valenciano, nacido en el año 1888, es una figura importante en el panorama literario venezolano, tanto en el campo de la ensayística, como en el de la narrativa, y tanto en cuento como en novela. Estuvo siempre involucrado con la política y el quehacer social del país, manteniendo siempre una visión transparente, lo cual lo hizo enemigo acérrimo de las dictaduras de la primera mitad del siglo XX. De su vida, tan apegada a la cotidianidad de ese país emergente, brota su obra, que es un reflejo nítido de su época, y que incluso ha llegado a trascender hasta nuestros días.
Para muchos críticos literarios, Pocaterra estuvo adscrito al movimiento criollista de la época, por el manejo desenvuelto de la descripción, la profunda personalidad de sus personajes y la voz particular de las diversas regiones del país; sin embargo, en Pocaterra se encuentra lo triste, lo magnífico, lo patético, lo grotesco, pero por sobre todas las cosas, lo real, libre de afeites y eufemismos, adelantándose al estilo de su época. Recordemos la célebre sentencia del prólogo de la reedición de sus Cuentos grotescos: "
Ni rectifico, ni sacrifico; narro". En esta frase se condensa la fuerza vernácula que emana de sus narraciones, donde la bello y lo feo son retratados tal cual son, con una técnica y maestría tan soberbias que rayan en lo hiperrealista, hasta el punto de estremecer hasta a los lectores menos sensibles.
Es en sus Cuentos grotescos donde justamente convergen todas las características de la narrativa de Pocaterra. En esos cuarenta y cuatro cuentos se narra el devenir social de la Venezuela contemporánea, anterior e incluso posterior a la vida del autor. El estilo realista permanece en todos ellos, pero los temas varían tanto como el paisaje venezolano. El ambiente cosmopolita de la Caracas ajetreada tan frecuentada por Pocaterra queda
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inmortalizado en cuentos como Claustrofobia, Año Nuevo o El Aerolito, así como la Valencia natal del autor, en La casa de la bruja o Matasantos. En el primero, ambientado en el suburbio del callejón de Aguablanca, se narra la desdicha de una pobre anciana que protege a su leproso hijo, aunque la comunidad entera la tilde con el típico mote de "bruja", por su aire desaliñado y paupérrimo; en Matasantos, un pobre padre pierde trágicamente a su hija al ir a pedir a la iglesia de San Blas por su salud; el hombre enloquece de dolor y arremete contra todas las figuras religiosas de la iglesia y es encarcelado por muchos años, tantos que muchos rumoreaban que "podía hablar directamente con Dios". Magistralmente, el humor también es mezclado con lo trágico, en Las Linares u Oropéndola, que tratan de feas solteronas que consiguen el amor a pesar de todo; también el terror psicológico entra en juego, con el cuento Ciudad muerta, una sofocante y aterradora historia de un hombre perdido en un pueblo vacío.
Sin embargo, el tono que más abunda en este compendio de cuentos es el de la fatalidad, capaz de empeorar situaciones ya trágicas de por sí. Muestra de ello son De cómo Panchito Mandefuá cenó con el niño Jesús, Mefistófeles, El Chubasco, Las frutas muy altas y Los come-muertos. En estas narraciones se manejan tópicos como el de un niño de la calle que muere arrollado una nochebuena, una joven pianista que agoniza por un único reconocimiento, el ahogamiento de pequeño guajiro, la desgarradora historia de un amor que no pudo con la barrera social, y de una pobre familia de italianos que viven entre tapias y tumbas derruidas. Para cualquier lector primerizo estas situaciones podrían parecer extraordinarias, increíbles o casi surrealistas, pero no son más que historias cotidianas de los rincones más recónditos de Venezuela, donde lo maravilloso, lo grotesco y lo real se fusionan constantemente, hasta hacerse imperceptible a los ojos de los que allí moran. Se trata de situaciones diarias producto de una sociedad convulsa que pugna por mantener su caótico orden en cada barrio, calle o casa.
Para Pocaterra, como todo buen autor, la literatura debe estar siempre comprometida con la sociedad y la humanidad. En sus cuentos, así como en sus ensayos, la denuncia social no se esconde detrás de un discurso afectado, sino que se expone claramente con la voz de un venezolano más. Su obra es clara y transparente, y busca sensibilizar al lector para que se percate de realidad circundante y que actúe en consecuencia, y eso lo logra
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mediante la fidedigna sencillez que entinta su obra, a veces extensa, a veces breve, pero que siempre se topa con un giro final inesperado que deja atónito a más de uno.
Ya para finalizar, es posible afirmar que Pocaterra trasciende su cronotopía, pues la realidad que él sintió en las calles de su época, es la misma, incluso tal vez más acentuada, que sufre y goza el venezolano del siglo XXI. Su obra es un punto muy relevante de la historia de la literatura venezolana, y un retrato crudo y perfecto de la vivencia de un pueblo que busca su lugar en el mundo.
autor: José Daniel Alvarado.
autor: José Daniel Alvarado.